Acusan a Conan Doyle de haber matado a un amigo

Condensado de Clarín Digital, 14/09/2000

SCOTLAND YARD TIENE INTENCIONES DE REABRIR EL CASO
Se trata de Fletcher Robinson, quien podría ser el verdadero autor de “El sabueso de los Baskerville”

Recién empieza el siglo XX y en una vieja casona inglesa un hombre muere de tifus. Detrás de la viuda que lo llora camina, discreto, su mejor amigo, que la acompaña. El amigo es un escritor famoso. Nada que agregar.

Salvo que alguien desconfíe. Y que sugiera otra historia: el muerto —un periodista— le había contado al escritor el argumento de una novela que el escritor habría escrito como suyo. El desconfiado dice también que, en una figura clásica, la dama era la amante del mejor amigo de su marido. Entonces, tal vez el hombre no haya muerto de tifus.

Los personajes de esta historia son reales: el psicólogo Rodger Garrick-Steele investigó durante once años y llegó a la conclusión de que el escritor Arthur Conan Doyle —el autor de Sherlock Holmes— participó en la muerte de su amigo Fletcher Robinson.

Lo tomaron en serio: Scotland Yard —la célebre policía británica— comunicó que reabrirá el caso de la muerte de Robinson. No descartan, si fuera necesario, reabrir la tumba de Robinson para analizar su caso. Pero esa muerte ocurrió en 1907.

Según Garrick-Steele, fue Fletcher Robinson el que ideó la trama de El sabueso de los Baskerville. El libro de Ro binson se llamaría Una aventura en Dartmoor y Robinson se lo habría mostrado a Arthur Conan Doyle durante una temporada que los dos pasaron en Park Hill House, una casa en el condado de Devon.

En esa novela, que apareció en 1902, Conan Doyle hace resucitar al detective, que había muerto en una aventura anterior mientras perseguía a su gran enemigo, el doctor Moriarty. El sabueso de los Baskerville fue un éxito inmediato, un best-séller.

¿Acaso sir Arthur Conan Doyle estaba preocupado por ese secreto y decidió que su amigo lo guardaría mejor en la tumba? ¿O quiso quedarse sin testigos con Gladys, la mujer de Robinson?

Garrick-Steele dice que fue un motivo, el otro o los dos, pero que Conan Doyle —que era médico— se confabuló con Gladys para darle láudano al periodista. Para dárselo, se entiende, en dosis letales. El láudano —el doctor Conan Doyle tenía que saberlo— es una sustancia tranquilizadora que sirve para calmar los dolores.

Como prueba de sus dichos, el psicólogo exhibe fotografías de 1906 en las que Bertram Fletcher Robinson está rozagante: si hubiera tenido tifus, dice Garrick-Steele, a esa altura debía resultar evidente.

Consultado por una agencia noticiosa un experto en la obra de Conan Doyle, Christopher Frayling, dijo que la teoría no era descabellada: “Conan Doyle recibió mucha ayuda de Fletcher Robinson. Sin él, El sabueso de los Baskerville no hubiera existido. Y no recibió ningún agradecimiento por eso. Por eso, se produjo una desaveniencia entre ellos. Si las pruebas de un envenenamiento están suficientemente garantizadas por las fuentes, no puedo esperar para leer el libro”.

La Sociedad Sherlock Holmes, donde se agrupan los fanáticos del escritor inglés, dice que esto es una inmensa mentira y que lo que quiere el autor es fama. Y dinero. “Es posible que el argumento de El sabueso… fuera original de Robinson, pero fue Conan Doyle quien escribió el libro. Poner en duda su reputación es inmoral”, escribieron en un comunicado.

Conan Doyle murió en 1930. Pero siempre habrá un detective tras sus huellas.

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